Cómo la administración Biden puede ayudar al hambre de libertad de Cuba

Los emigrados del barrio de La Pequeña Habana reaccionan al reunirse tras los informes de protestas en Cuba contra el deterioro de su economía, en Miami, Florida, el 13 de julio de 2021 (Maria Alejandra Cardona / Reuters).

Cómo la administración Biden puede ayudar a los verdaderos patriotas a mantener viva la llama de la resistencia.

¿Qué provocó la masiva, protestas enojadas que se extendió por Cuba como la pólvora esta semana? A pesar de cierta narrativa de Washington, no fue solo la falta de alimentos y medicamentos, o incluso la falta de vacunas contra COVID-19. Lo que más sacudió a la isla y tomó desprevenidos a sus despóticos gobernantes fue la hambre de libertad.

Después de 62 años de brutal tiranía comunista, una gran parte de la población cubana decidió no aguantar más. Muchos se inspiraron en los jóvenes raperos del Movimiento San Isidro y su aclamada canción, «Fatherland and Life». Mientras tomaban valientemente una posición contra la opresión, armados solo con teléfonos celulares parpadeantes, los observadores de todo el mundo se sintieron profundamente conmovidos por sus conmovedores gritos: ¡Abajo el comunismo! ¡Libertad! ¡Suficiente!

El jefe de estado titular de Cuba, Miguel Díaz-Canel, quien se comprometió a perpetuar el régimen de Castro, acusó previsiblemente a Estados Unidos de incitar a los disturbios. Ordenó a sus matones que recuperaran las calles y «lucharan» contra los llamados mercenarios. Junto con una cruel represión, el régimen impuso un apagón de Internet y las redes sociales.

La gran pregunta ahora es ¿qué debería hacer y qué no debería hacer Estados Unidos? Si la administración Biden se toma en serio los derechos humanos y la democracia en Cuba, no debería levantar incondicionalmente las sanciones estadounidenses existentes o revertir la designación de Cuba como estado terrorista, ni otorgar concesiones unilaterales al régimen, como viajes y remesas ilimitados a la isla. Como ocurrió bajo el presidente Obama, esto beneficiaría principalmente a los gobernantes cubanos y sus aliados, desmoralizaría a los disidentes prodemocracia y enfurecería a los cubanoamericanos.

Los cubanos que han sufrido muchas privaciones recibirían con agrado la ayuda humanitaria, si es manejada por la Cruz Roja u otras instituciones independientes y de buena reputación. Pero eso no abordaría el objetivo fundamental de las protestas: acabar con el dominio totalitario que ha sometido a los cubanos a una servidumbre insoportable. En otras palabras, cambio de régimen.

Cuba hoy se ha convertido en el epicentro de la lucha por la libertad en América Latina. Dada la ubicación geográfica de la isla y la connivencia con potencias hostiles, el resultado de la cruzada de Cuba es de suma importancia, no solo para los cubanos, sino también para Estados Unidos y la región. Rusia advirtió esta semana contra la “interferencia externa” que avivaría las protestas y socavaría al régimen, una amenaza implícita para Estados Unidos que contradice la Doctrina Monroe. China, hasta ahora, se ha mantenido en silencio, pero continúa respaldando al régimen cubano con inversiones y créditos, y al parecer utiliza las instalaciones de inteligencia electrónica en Bejucal, cerca de La Habana. Esas instalaciones son potencialmente capaces de rastrear e interrumpir los satélites estadounidenses que sirven a la costa este.

Se necesita una estrategia estadounidense integral para fomentar una transición democrática pacífica en Cuba, sin la interferencia de Rusia, China, estados rebeldes u organizaciones narcoterroristas.

Entre otras cosas, esa estrategia debería:

  • Alentar a los líderes disidentes prodemocráticos de Cuba a unir fuerzas y buscar reconocimiento bajo un amplio paraguas unificador.
  • Brindar recursos y herramientas para intensificar la resistencia cívica y superar la censura y los apagones gubernamentales. Hace una generación, Estados Unidos y otros lo hicieron con éxito en apoyo del Movimiento de Solidaridad de Polonia. Hoy, requeriría tecnología satelital y fondos para facilitar el acceso gratuito a Internet para todos los cubanos.
  • Mantener líneas abiertas de comunicación con reformistas dentro del gobierno cubano y las fuerzas armadas, quienes pueden ser influenciados para apoyar una transición democrática.
  • Aplicar la Carta Democrática de la OEA y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para sancionar la represión sangrienta del régimen y los crímenes de lesa humanidad, y contrarrestar, con una demostración colectiva de fuerza, si es necesario, cualquier intento de Rusia, China u otros cruzada por la libertad en Cuba.

Como el mundo está presenciando, el pueblo cubano no se resigna a su destino actual. Está claro que están dispuestos a pagar el precio de la libertad.

Lamentablemente, si bien sus valientes protestas de estos últimos días pueden no ser el final de su terrible experiencia, bien podrían ser el comienzo del fin.

Los amantes de la libertad y la democracia en todas partes deben apoyar a los patriotas de Cuba y ayudarlos a mantener viva la llama de la resistencia, para que un día todos podamos saludar un nuevo comienzo para la nación isleña con un rotundo y sentido: ¡Viva Cuba Libre!


Néstor T. Carbonell es el autor del libro Why Cuba Matters: New Threats in America’s Backyard. Nació en Cuba y es un opositor de toda la vida al régimen comunista.

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