Ex espía Gerardo Nordelo inaugura en La Güinera el «primer Destacamento de Vigilancia Popular Revolucionaria»

El ex espía, oficial de la Seguridad del Estado cubana y coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) Gerardo Hernández Nordelo visitó este domingo el barrio de La Güinera, al sur de La Habana, donde compartió con algunos vecinos y participó, junto a otros funcionarios, del acto de abanderamiento del «primer Destacamento de Vigilancia Popular Revolucionaria».

«Alerta que se alzó La Güinera, en apoyo a la Revolución, a Díaz-Canel y al Partido», escribió Nordelo este domingo en Twitter Nordelo, en un intento de broma.

Sin embargo, las fotos divulgadas por Nordelo y medios oficiales muestran que al acto asistieron menos de un centenar de personas, incluyendo los numerosos agentes de Seguridad que, vestidos de civil, se desplegaron en un ostentoso operativo de vigilancia por toda la barriada.

Entre las imágenes también puede verse al Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba en La Habana, Luis Antonio Tórres Iríbar, haciendo entrega una bandera cubana a una familia del barrio.

Llama la atención el nombre del nuevo organismo de Vigilancia, «Destacamento de Vigilancia Popular Revolucionaria», que parece replicar las funciones -al parecer no muy exitosas- de los CDR ante las masivas protestas del 11J por toda la isla.

El proceso recuerda la formación de los tristemente célebres «colectivos» chavistas en Venezuela, fuerzas paramilitares encargadas de la represión directa a nivel de barrio.

La Güinera, una de las zonas más deprimidas de La Habana, fue escenario de violentas protestas el 11 de julio. Imágenes divulgadas en redes sociales mostraron centenares de personas, sobre todo jóvenes, caminando por las calles mientras coreaban consignas contra el sistema e instaban a sus vecinos a sumarse a la manifestación.

Agentes de policía y efectivos del MININT respondieron con tiros a los intentos de los vecinos de tomar una estación de policía local “con el objetivo de agredir a sus efectivos y dañar la instalación”, según la información oficial. Ambos bandos se enzarzaron en una batalla campal a pedradas. Según un discurso del mandatario cubano Miguel Díaz-Canel, los manifestantes «iban directo a tomar una estación de la Policía, a quemarla».

En los disturbios falleció (por disparos de la policía) un cubano de 36 años, Diubis Laurencio Tejeda, a quien el régimen vinculó con “elementos antisociales y delincuenciales”. Además del fallecido, varias personas fueron arrestadas y otras fueron resultaron heridas, entre ellos agentes de la autoridad.

Díaz-Canel y el coro de la propaganda oficial se han referido en varias ocasiones a las protestas de la semana pasada como «actos vandálicos» protagonizados por «elementos marginales».

«Los delincuentes y los insatisfechos son también parte de nuestro pueblo», aceptó el presidente cubano, tras referirse a personas que viven en «barrios en desventaja», proceden de «familias disfuncionales» o son «hijos de familias disfuncionales». «No hemos brindado toda la atención en esos barrios vulnerables», dijo, en un intento por limitar las protestas un mero descontento económico.

«Hay que reanimar y reactivar el trabajo de las organizaciones y de las instituciones que funcionan en el barrio», orientó en su intervención televisiva del pasado día 14.

A juzgar por los videos de turbas armadas con palos que, acompañadas de brigadas especiales patrullan estos días muchas de las calles cubanas, tanto en barrios marginales como en los más céntricos, la «reactivación» del espíritu revolucionario está en marcha.

Algunas voces dentro de la isla han advertido contra el intento de criminalizar las protestas y verlas como simples actos de delincuencia. Este domingo, el economista cubano Ricardo Torres, profesor investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, declaró al diario El País que «asumir que todos los que participaron en las demostraciones son delincuentes o anexionistas es un error. Hay que recordar que el anexionismo es una corriente política de larga data, pero siempre ha sido minoritaria. Yo me preocuparía más por las condiciones que pudieran hacerla crecer en el seno de la sociedad cubana contemporánea. Incluso, pensar que algunos solo están confundidos o equivocados es una simplificación de la realidad. Rechazo la violencia, venga de donde venga. Ese no es el camino».

«Por otro lado -agregó Torres- pido respeto para aquellos participantes que provenían de barrios humildes. Algunos de los adjetivos usados son francamente desacertados. Esos barrios existen y han crecido en Cuba. ¿Alguien se ha preguntado cómo se manifiesta una persona que enfrenta una situación desesperada y no tiene los recursos analíticos de la intelectualidad? Todos ellos son tan cubanos como el más encumbrado especialista. No me interesa una Cuba donde no quepamos todos».

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