Pedro Sánchez plantó a la disidencia de Cuba porque era «prioritario profundizar» con la dictadura

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no se reunió con la disidencia cubana en su viaje oficial a Cuba en noviembre de 2018 porque, según informó el Palacio de la Moncloa en aquel momento, la prioridad del socialista era «profundizar» en las relaciones con la dictadura castrista de Miguel Díaz-Canel.

Unas relaciones que a día de hoy continúan siendo más importantes para Sánchez, a la luz de su tibieza, que condenar los abusos que está realizando el régimen comunista para tratar de sofocar la inédita oleada de protestas desatada hace unos días en el país para reclamar libertad.

El presidente ha pasado de puntillas por la cuestión cubana, ha evitado calificar el régimen de Díaz-Canel de «dictadura», el PSOE no ha participado en ninguna de las manifestaciones de apoyo a los disidentes que se han sucedido enfrente de la embajada de Cuba en Madrid, a la que sí han acudido representantes del PP, de Vox y de Ciudadanos, y ni siquiera ha pedido personalmente la liberación de la periodista española Camila Acosta, encarcelada durante tres días en La Habana y que, finalmente, fue excarcelada este viernes.

En una de las ruedas de prensa que ofreció en su viaje a Cuba, el primero de un jefe del Ejecutivo español en 32 años, Sánchez subrayó el «reconocimiento» que le merecía la colonia española instalada en la isla y alabó su «contribución al progreso del país».

Un reconocimiento que, sin embargo, no ha tenido para con la corresponsal de ABC en Cuba, a cuya detención únicamente se refirió el nuevo ministro de Exteriores, José Manuel Albares, en un escueto mensaje en redes sociales. Ni una declaración o comunicado institucional.

España defiende el derecho a manifestarse libre y pacíficamente y pide a las autoridades cubanas que lo respeten. Defendemos los derechos humanos sin condiciones. Requerimos la liberación inmediata de @CamilaAcostaCu.

— José Manuel Albares (@jmalbares) July 13, 2021

Esta misma cartera, tras días de cómplice silencio ante las protestas que ya suman varios muertos y más de un centenar de desaparecidos, emitió un laxo comunicado en el que evitaba referirse a Cuba como una dictadura, tal y como lo han evitado tanto Sánchez como todos los miembros de su Gobierno en lo que dura la rebelión, y se limitaba a afirmar que el Ejecutivo seguía con «preocupación» los acontecimientos que estaban aconteciendo en el país.

Una posición que contrasta con la contundencia que ha mostrado en todo momento el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, que en una declaración institucional no ha dudado en tildar al régimen cubano como «dictadura criminal» y ha mostrado su apoyo sin bagajes a la «lucha del pueblo cubano por su libertad» tras más de seis décadas sumidos en la pobreza por la dictadura comunista que controla el país.

El viaje de Sánchez

Con el objetivo de «normalizar y estabilizar la relación bilateral y retomar el diálogo político al máximo nivel con los dirigentes del país caribeño», Sánchez viajó a Cuba en noviembre de 2018 en el primer viaje oficial de un presidente del Gobierno a la isla desde que el ex presidente Felipe González hiciera lo propio en 1986.

Sánchez viajó acompañado de representantes de todo el tejido empresarial español con quienes mantuvo un desayuno de trabajo para explorar las vías para impulsar la posición y la presencia de las empresas españolas en Cuba.

El viaje de Sánchez se produjo un año antes de que los Reyes Felipe VI y Letizia viajaran también al país en octubre de 2019. Sus Majestades, sometidos a la organización del viaje dispuesta por el entonces Gobierno en funciones de Pedro Sánchez, responsable de la política exterior, no pudieron reunirse con la disidencia.

Sin embargo, el Rey pronunció un discurso en el que hizo un contundente alegato en favor de la democracia, los derechos humanos y la libertad.“Es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas y los intereses de nuestros ciudadanos”, manifestó ante Miguel Díaz-Canel en el que fue calificado entonces como uno de los discursos más importantes de cuantos ha pronunciado en sus viajes de Estado.

«Nada queda congelado en el tiempo y que quien se resiste a su paso pierde la oportunidad de colaborar en el diseño del futuro. Cuál será ese futuro lo tiene que dilucidar el propio pueblo cubano. Los cambios no pueden ser impuestos, pero para tener éxito y traer consenso y bienestar deben representar la voluntad ciudadana», agregó el monarca.


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